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Por: Manuel Suárez Rangel. Área técnica de la Mesa por el clima de Granada

La apropiación humana de los recursos naturales contiene, como hemos visto, una separación y una carga discursiva civilizatoria muy profunda, legitimada actualmente bajo las figuras de “progreso”, “desarrollo” y “crecimiento económico” y demás nombres propios de la economía neoclásica.

La revolución industrial del siglo XIX consolidó el modelo de manufactura en línea, obviando en muchos casos, el origen de las materias primas que empleaba, los núcleos extractivos que generaba, la acumulación por desposesión, y para el caso latinoamericano, “los distintos regímenes de naturaleza, con el predominio hegemónico y colonizador de aquellos orientados a asegurar la gobernabilidad y la producción de los valores de cambio” (Alimonda, 2011:53).

Las críticas sobre la enajenación de la vida al trabajo y el salario, la apropiación de la plusvalía proletaria en manos privadas, los medios de producción y las riquezas, producto del trabajo de las masas, fueron las prioridades en la reflexión y transformación social de los siglos venideros.

En esta dimensión de análisis surgió el movimiento marxista e internacionalista, que invitaba a romper la propiedad privada de los medios de producción, el Estado liberal burgués y las relaciones internacionales por la división del trabajo mundial; tarea que aún no se ha cumplido y que sigue lastrando los pasivos sociales y ambientales que se consideraron en sus inicios.

Martínez Alier reconoce el abandono en la historia ambiental materialista de los análisis en la expansión y reproducción del capitalismo:

Es la perspectiva del metabolismo de la sociedad, que Marx mencionó en El Capital (acudiendo a los estudios de Levi sobre el guano de Perú y los nutrientes agrícolas) pero que ni él ni el resto de los marxistas desarrollaron, de manera que no existe una historia ambiental-económica-social marxista (Martínez Alier, 2008:12).

Los procesos productivos de la revolución industrial contenían por una parte la quema de combustibles fósiles en las fábricas y medios de transporte, y por el otro, el éxodo rural hacia las ciudades, consolidando la expansión urbana y la transformación de los bosques y paisajes naturales en urbes, con las implicaciones de materias primas y manufacturadas del comercio mundial para sus procesos metabólicos sociales.

Xavier Doménech (1993) reconoce que se han logrado identificar además una gama superior a 50 sustancias distintas, donde la mitad de ellas provienen del transporte. Los escenarios socioambientales que se recrean en las atmósferas de las poblaciones con alto consumo de energías fósiles y combustibles líquidos, se caracterizan por la calidad del aire, los agentes contaminantes y partículas suspendidas (ver tabla).

Los procesos que se generan tras las emisiones pueden describirse inicialmente como primarios y secundarios, en la dinámica que se describe en el apartado sobre contaminación urbana. Además de ello la troposfera es el escenario de múltiples reacciones químicas producto de las actividades humanas en un 80%, entre ellas, cuentan las generadas por la combustión de los motores en contacto con el aire, las capas de gases superiores y la luz solar (Domenéch, 1993:49).

Entre los Gases de Efecto Invernadero (GEI), el CO2 es uno de los que más influye en la atmósfera, conteniendo un potencial de calentamiento referente, en su capacidad de absorción de la radiación infrarroja proveniente del Sol, que surge como unidad de medida base para los demás GEI (ver tabla 2).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) expresa que “la contaminación atmosférica por partículas reduce en una media de 8,6 meses la esperanza de vida de todas las personas de la Unión Europea” (WHO-Europe, 2005).

La magnitud con la que se desarrollaron las actividades humanas dentro de los procesos industriales del hemisferio norte desde el siglo XIX, vinieron a generar los primeros aportes significativos de dióxido de carbono a la atmósfera y su influencia en el cambio del patrón climático del planeta; como lo demuestran las gráficas representativas de los niveles de CO2, reportadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), órgano adscrito a la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su informe técnico sobre cambio climático y biodiversidad del año 2002 (IPCC, 2002).

Es por ello que se llama la atención para enunciar que uno de los ámbitos de la colonización de la atmósfera se ejerce en las ciudades, sin bien por sus emisiones y la cotidianidad humana, sin dejar de considerar los demás agentes humanos de influencia y responsabilidad como las industrias contaminantes con grandes emisiones de GEI, las deforestaciones y cambio del uso del suelo, las actividades agrícolas y pecuarias, junto a las actividades mineras a cielo abierto y la polución inter-continental permanente.

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